miércoles, 30 de agosto de 2017

Piedras en la corriente


Dice mi gurú que las personas entran y salen de mi vida. Dice que son como piedras que arrastra la corriente y que, cuando llegan a mi remanso, dependiendo del peso, de lo que significan y aportan, unas se quedan y otras siguen su curso arrastradas por el agua. Dice que deje partir a las que son ligeras y que aprecie a aquellas que encajan, y se quedan. Dice que incluso aquellas que parecen quedarse para siempre, puede que sean arrastradas de nuevo si la fuerza del agua cambia, si la corriente se alborota o simplemente si se van, sin más. Hasta aquí, todo bien.

Luego dice mi gurú: "¿Te has parado a pensar por qué se quedan algunas y otras no? ¿Por qué tu remanso admite unas y deja partir a otras? ¿Por qué algunas de las que se quedan, al menos temporalmente, acaban siendo perjudiciales para tí?". Y me deja pensativo. ¿Y si hubo piedras que no tenían que haberse ido? ¿Y si otras no tenían que haberse quedado? ¿Dónde están los límites? ¿Cuáles son los criterios? Me debato y discurro hasta el cansancio para, al final, llegar a una idea: la dignidad es la que decide. El quererse a uno en primer lugar es lo que manda.

Y cuando ya parece que lo tengo seguro, mi gurú remata: "...pero cuidado, no seas tan rígido que todas las piedras, pesen lo que pesen, sean demasiado ligeras para ti y pasen de largo, ni tan flexible que hasta un grano de arena encuentre acomodo en tu remanso". Entonces vuelven las dudas sobre los límites.

Al final, recuerdo aquel anuncio famoso en el que alguien decía: "Fluye, sé agua, amigo mío", una gran verdad en muy pocas palabras. Y dejo de pensar y me limito a observar la corriente, sus cambios de velocidad, sus saltos, sus salpicaduras. Y sin que me dé cuenta, unas piedras se quedan y otras se van por sí solas.

Mi gurú sonríe. "Estás en el camino", dice.

7 comentarios:

  1. Caramba, José, estoy impresionada. Es una meditaciòn. Es preciosa. Gracias por compartirlo.

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  2. Filosófico que se levanta uno a veces.

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  3. Quererse a un mismo es fundamental.

    Bonita reflexión, Jose. Gracias por compartirla.

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  4. Y a mi que me da que tu gurú y yo compartimos camello. Un abrazo. ;)

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  5. Ahora en serio. Esa es la metáfora de la vida por excelencia: ese río que somos todos y que va a parar a la mar, que es el morir, como bien decía el poeta. Tu gurú habla de modo sensato en cuánto a la importancia o no de todas esas piedras. Las pesadas, las inamovibles, son los amores imperecederos como bien podrían ser los hijos, esas siempre van a permanecer en el remanso. Las otras bien es cierto que pueden ser efímeras, pero dependiendo de su peso van a dejar una huella en el fondo de ese rio, que tal vez la fuerza del agua vaya borrando de a poco. Otras piedras que también se quedan: las que caen de lo alto de una montaña sin que uno lo espere. Grandes, enormes, inarrastrables. El rio no podrá hacer nada. Esas son las piedras que se quedan, porque por mucha agua que el río lleve, por mucho que se empeñe acumulando fuerza y caudal, la piedra llegó para quedarse. Toma metáfora jajajajaja Seguro que ahora me dirás que te gustaba más lo de la tortuga. Te fastidias.

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  6. ¡Pero si me ha quedado la mar de cuqui!Rancio. Ya no te comento más, ea, ñi ñi ñi.

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