lunes, 12 de junio de 2017

Azul es mi nombre


El ruido que hace mi mamá en la cocina me despierta, como cada mañana. Es una de mis rutinas, de esas que me hacen la vida fácil y sin las cuales no podría vivir. La siguiente es saludar al sol. Me asomo por la ventana y pienso que soy la segunda persona que ve desde que asomó por encima de los árboles. La primera es mi mamá, claro. Nadie se despierta antes que ella en el mundo. Ella le habrá dado los buenos días y ahora soy yo quien le habla con mis no-palabras. ¿Qué qué son, dices? Son las que yo uso, son especiales, no suenan, solo vuelan desde mi mente hasta mamá, y hasta el sol, claro, que son los únicos que las entienden.

Dicen los mayores que en los seis años que llevo viviendo sobre esta tierra, nadie ha escuchado ningún sonido salir de mi boca, pero mamá sabe que eso no es cierto, que las no-palabras suenan, solo en su cabeza, claro, pero ella las oye.

Cuando veo que el sol ya está contento por haberme visto hoy, desvío la mirada hacia la carretera que pasa por delante de nuestra casa. Hay un hombre sentado sobre una maleta. Le miro extrañada. Nadie para nunca delante de esta casa. Vivimos en medio de la nada, rodeados de campos de maíz. A mamá siempre le ha dado miedo que estemos las dos solas, sin nadie cercano en muchos kilómetros, y siempre anda diciendo que un día lo venderá todo y nos iremos lejos.

El hombre está mirando fijamente la casa. Incluso desde la distancia, noto que sus ojos lo examinan todo. Debería bajar y avisar a mamá, que siempre me ha advertido contra los extraños. Dice que nunca hable con ellos, ni me acerque, ni mucho menos que les tome de la mano, que alguien tan especial como yo es presa fácil. No sé qué significa eso, pero mamá siempre tiene razón, así que yo la obedezco… casi siempre.

Entonces se me ocurre que quiero verle de cerca. Bajo la escalera, pisando con cuidado para que no suenen los escalones de madera, y me escabullo por la puerta trasera, fuera de la vista de mamá. La hierba está fría bajo mis pies desnudos. Avanzo hacia el hombre hasta ponerme delante de él. No se mueve y me mira, como extrañado, a través de unas gafas de sol redondas. Debe ser que nunca ha visto una niña. Me fijo en que lleva dibujos de mujeres en la piel. Su cara es vieja, pero su ropa joven, como cuando le quito la cabeza al osito de peluche y se la pongo a una de mis muñecas.

Sigue sentado en la maleta, pero sus no-palabras me dicen que se ha puesto tenso al verme. Señalo sus tatuajes.

—Son mujeres que amé… y ya no están. —dice.

Señalo su maleta. Entonces, él se levanta y la abre. Revuelve la ropa hasta que encuentra un cordón de cuero. Se gira hacia mí, agarrándolo con las dos manos. Oigo a mi madre que grita desde la puerta de nuestra casa y corre hacia nosotros. El cordel se enrosca a mi cuello y los gritos de mi madre se vuelven histéricos. Entonces se afloja y algo metálico cae sobre mi pecho. Es una plaquita donde pone “Azul”. “Azul” es mi nombre.

Él se quita las gafas y me habla con no-palabras. Y yo le respondo con las dos únicas que han salido de mi boca en lo que llevo de vida:

-Hola, papá.

7 comentarios:

  1. “El ruido de que hace mi mamá en la cocina me despierta, como cada mañana”. Creo que te sobra esa “de” del comienzo. Hola, socio. A ver, para empezar debo decirte que lo he leído como unas seis veces y que últimamente me siento tonta con tus escritos. Tiene un sabor que me gusta mucho, pero no alcanzo a entender lo que hay en tu cabeza y me jode no llegar a entender lo que quieres explicar con este cuentito. Te diré lo que yo he visto y luego tú me dices si he dado en el clavo o al menos me he acercado. Mira, pienso que la pequeña sufre algún tipo de trastorno, tal vez autismo, por lo de la importancia de no alterar las rutinas, la dificultad para comunicarse y todo eso. A partir de ahí le has montado algo precioso, la salida del sol, el lenguaje no verbal con mamá y ese profundo entendimiento entre ellas (a veces no hace falta hablar). Luego cuando aparece ese viajero a mí se me ha complicado la cosa, porque en algunos momentos pienso que es bueno, que es alguien que vuelve después de mucho tiempo –tal vez un navegante, por lo de todas esas mujeres que tiene tatuadas a las que amó- y que no ha encontrado en todos esos océanos el amor que dejó “olvidado” en casa. Lo de que es un marino se ha acrecentado cuando he leído lo de esa chapita que le cuelga y donde reza “azul”. ¿Azul como el mar? Tal vez le puso ese nombre como homenaje a ese otro amor suyo. También pensé que podría ser un navegante por la cara arrugada, tostada, quemada por ese sol inclemente. Hasta aquí pensé eso, pero no sé porque también me saltó la alarma cuando la madre corre porque lo ve anudando ese lazo al cuello de la niña y pensé si no habrían habido malos tratos en el pasado y la madre tuvo que poner tierra de por medio. Pero tampoco, porque entonces no se habría ido a vivir a un lugar tan desprotegidas y tan vulnerables. Y la última de mis hipótesis es que es simplemente un viajero curioso que pasaba por allí y le regala a esa niña tímida un colgante en señal de amista, en el que reza “azul” y la niña cree que es ese papá tan lejano, desconocido.

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  2. En fin, en definitiva que muy bien, porque me ha dado mucho en qué pensar y eso me gusta, que las historias complicadas se quedan por ahí bailando en la cabeza. Ah ¿y las 300 palabras? Además de verdulero eres un tramposoooo. Y ya está, que felicidades por ese primer premio y un abrazo.

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  3. Jjajajaj, me descolocas siempre, alemana. Pues nada tan complicado, solo es su papá, que vuelve después de mucho caminar por la vida. Y su mutismo selectivo, pues por eso mismo, porque papá no estaba. Pero me gusta mucho que te dé por pensar. Si, el "de" del principio se ha colado, lo corrijo.

    En realidad esta es la versión extendida que tiene casi 600 palabras. Es la original, por decirlo de alguna manera. Para nuestros talleres siempre guardo el relato que me sale en origen, luego lo recorto hasta que cumple con la extensión y lo presento, pero el primero, el más largo, es el que suelo colgar aquí. El domingo rechazamos uno que tenía 400 palabras. Si se pasan en 10 o 20, lo admitimos, pero no más.

    Me hizo una ilusión enorme que ganaras. Y además, debes saber que vinieron varias personas a preguntarme por tus escritos. Querían saber dónde podían leer más cosas tuyas. Les mandé a tu blog. Me debes unas cerves por conseguirte lectores, eh?

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  4. ¿En serio? ¡oh! Corro a esconder las fotos indecentes.

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  5. Pues lectores no han llegado, así que de cervezas nada, ea. Pero si que me ha escrito Adrián, de Ciervo. Muy ilustrador.

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  6. Estaba buscando tu relato, que me chivan ganador, y Ángela, cómo no, me ha indicado la dirección correcta.

    Es intrigante. Quieres que pensemos que el viajero es un asesino o un violador. Jugar con el lector. Estupendo. El escenario me ha gustado mucho, esa casa aislada. Y las no-palabras también.

    Yo diría que hay que corregir la primera tilde en el '¿Qué qué pienso?', aunque puedo estar equivocado.

    Felicidades por ese premio.
    Isma

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    1. Gracias por pasarte, amigo. Disfruté escribiéndolo, cosa que no siempre me pasa.

      Me dejas con la duda de si está bien escrito eso que indicas.

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