martes, 15 de noviembre de 2016

Hijos del Dios blanco



*Versionando cuentos infantiles*

El viejo yonqui temblaba tirado en el callejón. Suspirando, cerró los ojos y rogó al Dios Blanco que le trajera algo que llevarse a la vena. Cuando los abrió, la respuesta venía andando por el callejón, entre espasmos. Al llegar a su altura, se dejó caer a su lado.

-Eres joven para cabalgar este jamelgo, chaval.
-¿Qué sabrás tú, puto borracho? –respondió el recién llegado.
-Sí –dijo el anciano-. Tú rezas al mismo Dios, solo que yo llevo más tiempo con él, tanto que conozco muchas de sus historias. Te contaré una: hace no mucho tiempo existió un parque habitado por un drogadicto, uno de esos que viven su mierda interior sin manchar a los demás. Un día, los comerciantes del barrio decidieron que era malo para el negocio y, en una noche oscura, le acorralaron. Dicen que los gritos se oyeron desde lejos, dicen que ellos sonreían mientras le golpeaban, dicen que murió, pero cuando se alejaban alguien dijo haber oído un grito jurando venganza. Nadie hizo caso. Meses después la hija del pescadero, aficionada al humo que marea, fue abordada por un joven que le ofreció probar algo nuevo. Ella le siguió, alegre, hasta un callejón como este mismo y nunca más se la volvió a ver. Luego fue el hijo del carnicero, la pequeña del sastre, el primogénito del mecánico, y así, uno detrás de otro hasta la docena. Jamás encontraron los cuerpos. Alguien recordó al drogadicto que habían dado por muerto y todos lloraron desconsolados. Los negocios cerraron y nadie volvió a pasear por aquel parque, pero de él, nunca más se supo.

El anciano calló, terminada la historia, y se miraron. Su mano voló al bolsillo buscando la navaja, pero el joven reaccionó más rápido y le clavó un trozo de vidrio en el pecho, parando así un corazón adicto.

-A ver dónde guardas la heroína, cabrón.

Registró los bolsillos, pero solo encontró basura, así que le dejó y caminó hacia la salida del callejón, tan conocido para él. Se acarició las viejas cicatrices y sonrió divertido. Tanto daban doce víctimas como doce más una.

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