lunes, 4 de julio de 2016

American style



Lenny Kravitz canta “American Woman” mientras la observo servir el desayuno a nuestros hijos. Me encanta la curva perfecta del trasero al inclinarse para echar las tortitas en los platos. Me vienen a la mente sus gemidos de anoche y sonrío. Ella me mira y sonríe. Es perfecta.

Luego miro el reloj y repito la pantomima de todos los días. «Oh, cielo, que llego tarde», digo, y me acerco a mi American Woman y le beso en los labios dos veces, una por costumbre, la otra por lo de anoche. Me gusta su sabor.
Camino de la oficina, me paro frente al estanco. Un bocinazo cuando voy a cruzar y me hago el asustado. Es Mike, apodado El Gracioso. Le adopté como “mejor amigo” desde el principio y tengo que seguirle el juego. «Esta noche trae cerveza para el póquer», dice. Asiento con mi cara de ingenuo y entro en la tienda.

El señor Sánchez me saluda. «Su Marlboro de todos los días» dice. «¿Cómo va su hijo con los estudios?» es mi pregunta de todos los días. «Bien, bien, ahí atrás anda, estudiando». Meto la mano bajo la chaqueta para buscar el dinero, saco mi Walter con silenciador y le abro un agujero perfecto en la frente. Salto el mostrador en silencio y paso a la trastienda. Al final del pasillo hay un adolescente delante de un ordenador. El disparo en la nuca le lanza contra la pantalla y lo mancha todo de sangre. Lo que he venido a recoger está encima de la mesa. Lo tomo y salgo corriendo. Arranco el Volvo y me voy lentamente. Diez minutos más tarde saco la cámara que acabo de robar. La enciendo y busco. Ahí está la foto. Fue un error de novato dejarse sorprender y el chaval no debería haber estado ahí. Cuestión de mala suerte para ambos, quizá peor para él, pero es que las pruebas están ya muy adelantadas y nadie puede saber que estamos llegando. En realidad, ya estamos aquí.

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