lunes, 25 de enero de 2016

Vulgar





No soy guapo, ni tan siquiera tengo una cara mediocre. No soy alto como un galán de cine, ni mi abdomen es un tablero. No tengo un pelo ondulado, de esos que busca el viento para jugar con él. 

Mis ojos son del color de la vulgaridad y están rodeados por las pocas pestañas que decidieron quedarse cuando llegó el medio siglo. Vulgar, creo que esa palabra es mi palabra.

Por todo eso es por lo que al principio no me fié ni un pelo de ti. Yo te sonreía y tú me veías confiado, pero sé lo que parezco a mi edad. No soy como tú, con tu cuerpo estilizado, tus músculos naturales que no conocen el esfuerzo, tu mirada azul. No, no soy joven, como tú.

Cuando te acercaste, construí un muro como muchas veces antes. Me dije «Que sea más impenetrable que el anterior». Entonces, empezaste a desgastar aquellas paredes altas y resistentes con tus sonrisas y tus risas, con tu mirar azul, con tus palabras, putas palabras. Y yo te dejé pasar. Y pensé que la primavera había vuelto, y que podía ignorar el otoño.

Por todo eso es por lo que ahora, cuando estás delante de mí, con la mano extendida y solícita, todo se nubla alrededor. Todo se vuelve borroso, de color invierno, y solo queda nítida tu mano delante de mis ojos, y tus palabras, tus putas palabras, que me dicen:

-¿Creías que todo esto era gratis?

2 comentarios:

  1. Para ser vulgar, no está nada mal.
    Creo que esa vulgaridad se ejemplifica un poco en la parte en que comienza a compararse con esa imagen, que no sé si intuyo que es la juventud. Quizá nos flagelamos demasiado con nosotros mismos.

    Hay por ahí alguna metáfora que otra que me ha gustado mucho, como la de las estaciones aunque esté algo trillada. Te sigo!

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  2. Gracias amigo, a veces salen cosas extrañas usando disparadores creativos.

    Realmente, si me paro a pensarlo, no creo que hubiera llegado a escribir algo parecido sin la foto como excusa.

    Nos seguimos.

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